Quieren traspasar el tanto de culpa de la nefasta gestión de Bush a Zapatero

Cuando falta algo más de un mes para las elecciones generales, esta derecha impúdica -o sea, que no tiene ni pudor ni recato- trata de traspasar el tanto de culpa de la nefasta gestión económica del presidente norteamericano, George W. Bush, al presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero. El PP y sus satélites mediáticos siguen obcecados en aplicar la teoría del “todo vale”, que tanto rédito les dio contra Felipe González en los primeros años de la década de los 90.

Bush pasará a la historia de EEUU no sólo como el promotor máximo de la canallada bélica contra Irak, sino por su nulidad como gobernante sobre todo en el ámbito de la economía. El desplome monumental de las bolsas guarda estrecha relación con las medidas tomadas por la Casa Blanca para frenar la actual desaceleración en la economía mundial cuyo origen radica en Norteamérica. Según sostiene en torno a Bush nuestro prestigioso colaborador José García Abad -especialista en información económica y director del semanario El Siglo-, “este hombre no tiene mano ni con el capitalismo que es lo suyo.”

Con el cazo a punto
No tiene mano, pero sí supo –y con notable aprovechamiento- poner la mano, con el cazo a punto, para que su íntimo amigo Kennet Lay, presidente ejecutivo de Enron, le financiara prácticamente toda su carrera política, aparte de los favores recibidos de su multimillonario padre, el que fuera también presidente George Bush, senior. El hundimiento de Enron fue estrepitoso y se produjo a principios del año 2000. Le salpicó en la cara al nuevo mandatario, presidente gracias, claro está, a los “votos mariposa” de Florida.

El fatuo Jeb
Bush venció a Al Gore en las urnas como consecuencia de las artimañas o del pucherazo electoral que le preparó su hermano, Jeb, entonces gobernador del Estado de Florida. ¿Recuerdan, por cierto, al fatuo Jeb anunciando en Madrid -cual si fuera un fakir de feria- todo género de maravillas económicas, destinadas a la “República de España” como contrapartida a la cooperación de José María Aznar en la guerra de Irak?

Una pequeña empresa de gas
El affaire Enron puso de relieve la tan meteórica como tramposa ascensión a los cielos de una pequeña empresa de gas de Texas –territorio Bush- que en menos de quince años se convirtió en el séptimo grupo empresarial de EEUU (revista Fortune 2001) para acabar derrumbándose a pesar de que la Administración Bush -con el vicepresidente Dick Chaney ejerciendo de mago Merlín- hizo a esa empresa un plan energético a su medida. Enron pagaba muy bien. Bush se benefició para su campaña de 623.000 dólares procedentes de una empresa a punto de quiebra y que dejó en la calle a miles de trabajadores.

Situaciones de peligro
El tan laureado modelo económico de Bush, prototipo del liberalismo protegido bajo el paraguas de la política venal, ha puesto la economía de muchos países –entre los cuales España- en riesgo, y en estado de alarma. Es una evidencia que la responsabilidad de esta tempestad no debe buscarse en el Gobierno español. Por el contrario, este Gobierno ha reforzado sus defensas frente a situaciones de peligro, como la que ha aparecido en estos últimos dos meses.

Pizarro, el Mesías
Pero al PP le importa un rábano que los errores de Bush –el ídolo de la derecha española- hayan provocado el desasosiego. Lo único que le interesa a Mariano Rajoy es triunfar el 9 de marzo. La máquina de la demagogia se ha puesto en marcha o, mejor dicho, lleva ya bastantes semanas vaticinando catástrofes y terremotos. Exhiben a Manuel Pizarro como si se tratara del Mesías, mientras cubren de improperios a Pedro Solbes. Pizarro es un crack, un fuera de serie, proclaman los voceros genoveses.

La lección de Aguirre
Y es verdad. Se ha enriquecido abrumadoramente él y ése es un dato indiscutible. Pizarro predica con el ejemplo propio. También lo hacía Kennet Lay en sus años felices. La lástima para Rajoy es que aquí no hay “votos mariposa”, aunque alguna lección de cómo ganar elecciones sin ganarlas le podría impartir Esperanza Aguirre. De eso Aguirre sabe mucho.